martes, abril 03, 2007

El otro Picasso

Hay hombres que parecen abocados a que la Historia los sepulte irremisiblemente bajo un lodazal de olvido. Poco importa la valía de sus hechos, la grandeza de su personaje o la repercusión de su legado; el tiempo y sus mal llamados semejantes se encargaron de borrar su recuerdo con saña atroz y convirtieron su memoria en recinto acotado a una breve gavilla de familiares, eruditos y curiosos. Tal es el sonrojante caso del general Juan Picasso González.
Cualquiera que escuche ese apellido universal no dejará por menos de asociarlo con el genial pintor malagueño, a la sazón sobrino suyo e involuntario culpable de la sombra de olvido que cubre la vida del militar. Pero es que además de tío abuelo de un genio, don Juan era malagueño de raíces italianas, héroe de la primera guerra de África y uno de esos militares ilustrados y honestos que tanto escasearon en la España de Alfonso XIII.
Resumiré brevemente su historia. En 1.921, Picasso se encuentra cercano a la jubilación y destinado en la Sociedad de Naciones como representante español para asuntos militares. Allí es llamado por el ministro de la Guerra, Luis de Marichalar, a la sazón vizconde de Eza y abuelo del marido de la infanta Elena (España es así, señora), para que se hiciera cargo del proceso judicial militar más importante de la Historia de España: la investigación de responsabilidades tras el derrumbe de la Comandancia General de Melilla o lo que posteriormente se dio en llamar el “informe Picasso”.
El encargo es una verdadera encerrona puesto que desde Madrid el gobierno le impide realizar investigaciones que afecten al Alto Mando y a responsables políticos, entre ellos el propio Rey, mientras que en Melilla no son pocas las presiones para evitar que se descubran las incontables irregularidades y negligencias que desde hacía décadas envilecían al Ejército y a la administración colonial. Diez mil muertos había costado la fiesta en aquel terrible verano de 1.921.
Pese a tan duras trabas, Picasso realizó su labor de manera impecable, haciendo oídos sordos a las amenazas, insultos y calumnias que arreciaron sobre su persona. Se le tachó de masón, protestante, republicano y, en fin, traidor. Las conclusiones de su informe fueron demoledoras y contribuyeron en no poca medida a minar el prestigio de la Monarquía y el Régimen que la sustentaba. Sólo el golpe de Estado del general Primo de Rivera evitó que las consecuencias del expediente fueran mayores para los casi seiscientos responsables civiles y militares a los que se imputaba una culpabilidad directa en los hechos. No sólo eso. Alguno, como el general Navarro, segundo al mando de la Comandancia de Melilla que se había distinguido por su negligente comportamiento, llegó a teniente general gracias al regate y hubiese disfrutado de un retiro dorado si no se hubiese cruzado con la horma de su propio zapato. Fue fusilado en Paracuellos pocas semanas después de empezar la Guerra Civil por milicianos republicanos, otros que también hubieran merecido un buen proceso en canal.
Relegado a la reserva por la Dictadura de Primo, olvidado por la República, Juan Picasso murió en 1.935 de un cáncer de garganta. En su testamento solicitó expresamente ser enterrado en la más estricta intimidad. A día de hoy, ya digo, nadie sino un puñado de historiadores le recuerda pero no puedo evitar que la trayectoria del general, su obra y su tiempo me resulten terriblemente familiares: una matanza no anunciada, ineptitudes manifiestas, sombras en la investigación, presiones de grupos mediáticos, ocultación de responsabilidades, indefensión de las víctimas… ¿les suena?
En ningún otro país como en España se hace tan real, tan atroz, la aseveración de que quien desconoce su Historia corre el riesgo de volver a repetir los errores del pasado. Aquí no sólo la desconocemos, sino que conscientemente la enterramos a golpe de ignorancia, desatención y mala fe, así que sospecho que por mucho tiempo será nuestro porvenir una sucesión de desastres repetidos y multiplicados como una maldición imperecedera. Probablemente sea nuestro sino.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Pues imaginate aqui, en Escocia, yo desde luego cuando viva en España de lo ultimo que me quejare es del tiempo,esto es para volverse loco, y con respecto a los meteorologos de aqui no te digo na,aqui te dicen sol y esta nublao o sale el sol una hora y llueve, sale otra hora y llueve,asi, y gracias a que llo vio en España en Semana Santa hemos tenido unos dias esplendidos que como te quedaras en casa te sentias culpable, y no lo siento nada por las procesiones, hahaha.Bye!!

8:40 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

Entro en tu blog, de casualidad, buscando historias del Picasso González, el del informe Pelícano; y me sorprendes. Me he leido todos tus post un año y pico despues. ¿No te averguenza dejar de publicar?. Te invito a unas cañas.

12:25 p. m.  

Publicar un comentario

<< Home