jueves, mayo 10, 2007

Ciudadanos

No voto. Lo sabe cualquiera que me conozca medianamente. Llevo diez años sin hacerlo. Sólo dos veces en mi vida cumplí con el sagrado deber de un ciudadano en una sociedad plural, democrática y toda esa cantinela. Luego los profesionales de la cosa política se pasan la legislatura tomando al paisanaje por gilipollas pero votar, lo que se dice votar, hay que votar. No nos despistemos. Dos veces, decía, he entrado en un colegio electoral. Las dos veces perdí y bien merecido lo tuve, claro. Pienso ahora que la derrota juvenil en lo político igual ha moldeado esta atávica repugnancia a comportarme como un ciudadano comprometido, que dirían estos progres tan cursis de hoy en día. Hablando en plata, que soy un acomplejado de tomo y lomo. Pues muy bien. Y un fascista. Y un anarquista. Y un carca. Lo que quieran.
La cosa es que en este blog he escrito con bastante más mala leche de mis razones para quedarme en la cama el domingo de elecciones a parte de mi novia pero lo cierto es que, contradictorio, demagogo y acérrimo seguidor de causas perdidas, no he podido dejar de sentir un profundo interés por ese partido nacido en Barcelona al calor de una causa tan necesaria en España como el desarme ideológico del nacionalismo: Ciutadans, Ciudadanos, Partido de la Ciudadanía.
No les extrañe tanto. Un partido fundado por intelectuales, ojo, pero intelectuales fetén, no de los que se autoproclaman como tales desde una tertulia del corazón o una barra malasañera, que repudia la visceralidad ideológica de izquierdas y derechas, que se nutre de gentes ajenas al tinglado político que nos desgobierna y que, ya digo, le da leña al mono nacionalista no puede dejar de resultarme simpático. Si encima torea en una plaza tan despiadada como la catalana donde todo lo que huela a incorrección no nacionalista es ganas de hacer oposiciones a crucificado, se me pone en las tripas el darles un gramo de mi escasa capacidad de confianza.
Lo que pasa es que no se presentan por Madrid y pienso que lo mismo es hasta bueno. Así me da tiempo a seguirles los pasos, a ver cómo se van moviendo en esto tan jodido de tocar pelo en ayuntamientos y diputaciones donde tanto se cuece y se pudre, a evitarme el tener que hablarles dentro de un par de años, más viejo y más cínico, que yo voté a Ciudadanos. Eso, claro, si nos lo echan a patadas antes, porque entre el silencio informativo, las sospechas interesadas y las hostias que les llueven cada vez que organizan un mitin igual ni da tiempo a votarles en las próximas elecciones generales. Esperemos que no sea así.
Así que habrá que esperar. Todo se verá. De momento, les recomiendo que le echen un vistazo a su página web o al libro de Alex Salmón, "El enigma Ciutadans". Por algo se empieza. Y si no les gusta pues ya saben, qué van a esperar de alguien a quien, en el fondo, la política le da igual.