Como panes
Así son las hostias que me quieren calzar mi jefe, mi portero, Manolo, Amando, Montse, Marijose, el vecino de enfrente, doña Eladia y su loro, mi padre, mi apócrifa hermana, el difunto tío tercero, el barbero por calvo, el pescadero por feo, la tuna de Derecho, la primera Ana de mi vida, la única Rocío de mis entretelas, el párroco de aquí, putas de allá, las camareras de Malasaña, los veinticinco de Alderetes, un camello en Granada, aquel chalado del Born, aprendices de poeta, versolaris del rock, la ETA si de mí supiera, la Corona si no me ignorara, el Cristo por faroles, so virgen del Pilar, ese africano en Madrid, todos los EEUU (menos Woody, Martin y el Clint), algún ultrasur, progresistas, comunistas, fascistas, ciclistas, columnistas, dentistas, la parca, la mosca, la urna, la estafa, casi todos los taxistas en Madrid, casi ningún ministro por CNT, la madre del borrego, la señora de Ramoncín, los especuladores de Prosperidad -marchantes de lo fatal-, Gallardón, Zapatero, los números de la Civil, el mal bodeguero, el que dijo digo cuando, ay, si era en Sevilla por Corredor el Diego, todas las tarjetas rojas de mi Ra, todos los soliloquios de la pared, de Javi su abstinencia, de Pedro la ausencia, miopía, celos, cajeros, directores, gripes, juanetes, abstemios, besos de caridad, cuitas del Pepe, zumo de limón, el Marca, el Sport, el As, el cierre a blancas, el quinto malo, el sudor, acreedores, ripios, gritos, Morales en secano, mojadas invernizas en Abril, un mechero sin gas, un burdo rumor, una factura en el buzón, las pegas, los pufos, el mal costo, el buen ciudadano, tirrias, fobias, brutos, chaparrones en Usera, granizo en Alcalá, en fin, ese triste saber que me debo, con duda, alguna vez y tan pálido, mal morir.

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