martes, julio 17, 2007

La bodega Cañizares

Qué fue primero huevo o gallina, barra o bodeguero, Rafa o el Cañizares. Está empotrada en una bocacalle de Prosperidad, donde el barrio de toda la vida culmina en zona residencial levantada sobre antiguas vaquerizas. Lo advierto por si ven rebosar ocasionalmente bosta por el sumidero de alguna piscina particular.
Pero a lo que vamos. La bodega de Cañizares es de las pocas que van quedando con tal apelativo en estos pagos donde antaño la taberna de diseño no casaba con el codo grasiento de los parroquianos. Ah, vieja Prospe de punkis, menestrales y Covacha, qué despeinada te ha dejado el nuevo siglo. Yo no vi el barrio de antaño pero aún la escupen de vez en cuando los porteros más viejos, algún hippie nostágico y José, el barbero que me trasquila mensualmente por diez eurazos de mis amores.
No sé si por entonces estaba ya lo del Cañizares porque en invierno se llena tanto que no hay quien entable conversación sino con su propio cigarro y en verano la calor nos saca a todos a la calle frente al ventanuco por donde se trasegan las raciones de chorizo. Luego está que Rafa tiene un verbo rudo, casi incomprensible, de manchego fronterizo que haría sonrojar al amigo Sancho.
Sólo un par de veces hice tertulia con el encargado, camarero, telefonista, cocinero y todo lo demás. Era cuando andaba la Lola por aquí entre ración y ración y yo creo que el muy sinvergüenza quería darle a la sin hueso no por otra razón que entreverle el escote a la señora de maese Alejandro. Por lo que sé, el hombre cruza dos veces al día la provincia de Madrid desde/ hasta Pinto, por una carretera, la de Andalucía, que maldice tanto como al alcalde Gallardón.
Y es que hay mucho tabernero de izquierdas en Madrid. Digo yo porque cuando el personal se toma dos copas siempre se desinhibe mucho y es más entretenido y menos acongojante, donde va a parar, escuchar las paridas de un rojeras chuza que las burradas salvapatrias de una persona de orden con una copita de más y, afortunadamente, una pistola de menos.
Una vez hasta montó un follón el Rafa con los municipales cuando quisieron multarle porque hacíamos mucho corro a la puerta de la bodega caña en mano y soltó aquello glorioso de "esto no es cosa de botellón, guardia, esto es cosa de botellín". Le quitaron la multa, claro, que la risa era mucha, mayor el sofoco de Agosto y ni les cuento la mala leche de la multitud que rodeaba el coche patrulla.
Ultimamente no bajo mucho al Cañi. Demasiadas multitudes para tomarse un par de cañas. Las manifestaciones de borrachos deben ser como Dios manda, en local cerrado o verbena abierta y a las tres de la mañana. Para todo lo demás me placen los sitios donde no mojo pan en ración ajena ni me apagan el cigarro en la copa. Pero le tengo cariño al garito en cuestión, un día de estos me tengo que bajar con el Pérez a tomarme algo, aunque sea por ver si aún me guardan en el rincón de siempre la botella de Jonnie Walker que compró una noche Rafa después de mucho negarse porque decía que en su bar no se servían excentricidades. Un abrazo compadre. Nos vemos en el bar.