martes, julio 24, 2007

La carta de un ministro que no pudo ser

Estoy poniendo en orden mis papeles. El correo, facturas, impagos, cosas de esa jaez. Este mes me han cortado el teléfono pero he recuperado la corriente eléctrica, algo de lo que en Barcelona no pueden presumir. Empatado, pues. Propaganda, una carta amenazante de un vecino envidioso, más propaganda, invitaciones de boda -seis o siete-, una felicitación de las navidades pasadas y, oh dioses al fin escucháis mis ruegos, un sobre con membrete oficial, Gobierno de España, cosa de mucho nivel.
Trémulo, conmovido, abro la misiva y descubro, de su puño y letra, una invitación del señor presidente del gobierno para asumir un ministerio sin cartera, un cargo sin duda al que me empuja por el buen criterio, conocimiento distinguido de las cosas y manifiesta cualificación de la que hago gala en todos mis aconteceres diarios. Hasta nuestro augusto líder habrá llegado noticia del exacto conocimiento que poseo de lo que en la calle acontece, del respeto con que me escucha lo más granado de la alta sociedad y la abierta simpatía que me profesa lo más bajuno de la Corte: diputados, ejecutivos, taxistas, zapateros, asistentas, secretarias, concejales, taquígrafos, barrenderos, payasos, lampistas, cobradores, poceros, barrenderos, telefonistas, practicantes, enterradores, oficinistas, estudiantes, nigromantes, madrileños todos, en fin, gozadores de mis buenas obras y mejores frutos.
Sin duda querrá el presidente que acometa notables reformas, asesore ministerios varios, vamos, que sea el timón al que agarrarse en esta nueva etapa que al parecer quiere abrir para su mandato de por sí tan lleno de bondades, bonanzas y virtudes. Así que me dispongo a responderle con mi mejor prosa, esperando que las palabras de tan humilde ciudadano se correspondan con los deseos de nuestro amantísimo presidente. Y digo así:


Excelentísimo señor:

Recibida su misiva con notable entusiasmo, conmovido por el honor que me hace su propuesta de integrarme en el gobierno de todos los españoles debo, sin embargo, una vez pasado el emocionante impulso inicial, rechazar tan egregia invitación. Son motivos de peso, meditados largo tiempo, los que me llevan a tomar semejante decisión. Expongo a continuación las razones que, espero, sabrá entender con la paciencia, comprensión y talante a los que nos tiene acostumbrados.
Mira, hijolagranputa, no entraba a formar parte de tu gobierno ni de ningún otro nada más que por darme el gusto de ver si todos los ministros del mundo tenéis la misma cara de cabrones que exhibís por la tele. Valiente desvergüenza te gastas para llamarme a tu nauseabundo lado, a mí, que me levanto cada mañana cagándome mil veces en lo que representas, en tus corruptelas, tus manejos, tus trampas, tu venga darle por retambufa a mi persona mientras repites por enésima vez que eres lo mejor que podría haber votado, yo que no me he dignado a colaborar en la zafia verbena que organizáis cada cuatro años tú y tus secuaces.
Igual me estoy precipitando pero porque lo mismo ya no me das la oportunidad de entrar en alguna oficina ministerial donde dar rienda suelta a mis mejores sueños pirómanos, porque seguro que ya no me llevas a cumplimentar al rey y a toda su jodida familia de chupasangres, a visitar al presidente del Congreso y sus trescientos cincuenta ladrones, a entrevistarme con tus amigotes de donde el gabacho, el guiri, o de los gringos su emperador.
Así que te animo a que este papel según te alcance lo utilices de envoltorio para un vergajo de buen porte y lo metas por el agujero más amplio que en tu cuerpo encuentres. Conocidas tus apetencias sodomitas seguro que no te será difícil encontrarlo. Y si por casualidad estas líneas llegan a ofenderte (como, por otro lado, espero), animo a que me mandes un piquete de guardiaciviles, una bandera de la Legión, la guardia municipal de Valdemoro, catorce mossos de escuadra, el parque de bomberos de Usera, la Guardia Real y a tu puta madre con su perro Rififí, que yo aquí los espero, donde el remite, ansioso de repetirles punto por punto esta carta que espero haya sido lo suficientemente clara para que la digiera el cerebro de borrico que te habita.
Sin nada más que añadir, me pone a los pies de su señora y de sus hijas si las hubiere. A sus hijos, como al padre, que les vayan dando.

Un cordial saludo



P.D: Publico en Internet estas líneas por si al servicio de Correos o a la oficina de Moncloa le da por censurar su contenido que, visto lo visto, son costumbres muy en boga de un tiempo a esta parte.