Trabajo artesanal
He vuelto. Imagino que me habrán echado de menos. Las vacaciones, ya saben, uno con este calor es que no tiene ganas de dar palo al agua. Menos aún escribir, que no saben de qué forma se suda delante de este toro/ foro. En fin, de las vacaciones ya hablaremos otro rato, que me place sacudirles un poco la conciencia después de tanto chiringuito.
Hablo con mi novia de los trabajos artesanales. Como soy carne de multinacional, cada día que pasa tengo mayor querencia por la cosa menestral, honrada, minuciosa, de sol a sol. En particular acabo de descubrir que en Zaragoza- sur-le-Ebre encuentra cuna y acomodo la fábrica de Pikolín, ya saben. Bueno, pues sucede que ahí ando a ver si la Rubia me busca un contacto que me convierta ipso facto en probador de colchones.
No se rían porque la cosa es muy seria. Al menos así se lo ha parecido a esta chica. Mi amor es que tiene un espantoso sentido judeo-cristiano de la existencia y todo lo que no sea pegarse doce horas diarias sudando sangre le parecen mariconadas. Debe ser cosa astrológica porque mi padre también es tremendo géminis y tiene más o menos el mismo pensamiento en lo de currelar.
Pero yo me he empeñado. ¿Habrá cosa más esforzada, necesaria y terapéutica que comprobar la bondad del lecho donde descansa España? Ya me veo, ya, colchón tras colchón, crujientes somieres, acoplamiento de vértebras, descansado jornal, tal vez hasta consientan echarme por encima un edredón que engañe en febrero al cierzo. Corretearé en pijama por la nave industrial, haré horas extras, no perderé ni un segundo en fútiles cafés, ni charlas con miembros del sindicato, le haré la pelota, la almohada, lo que sea, al coordinador de departamento (coordinador de probadores de colchón, ojo) y si se ponen pesados hasta soy capaz de quitarle horas a mi alcoba.
Porque si uno hace conveniente cata, cómo no la harían dos si me llevo a una dama que conmigo en cama ruede. Serían pareja por el precio de uno, no tema señor director, que barato le saldré, le saldremos quiero decir, mi amada y yo, ambos dando trote al colchón, al noble producto de Aragón, en pijama como Cela, con panoplia, escupidera y la chica en tanga y camisón. Mejor prueba no habrá que la del retozo, el empuje, arañe, jadeo, griterío, humedades, brincos, olé Pikolín y sus muelles que tan bien en horizontal se afinan.
A estas alturas ya adivina, señor Solans (jefazo de la cosa), que le indico con notable mano izquierda la necesidad laboral que me acucia y por dónde creo que va mi futuro en el seno de tan maña empresa. Instituya de nuevo el artesano oficio que alguna impersonal maquinaria habrá sustituido. Volvamos la espalda al maquinismo, a lo impersonal de la cinta de montaje, al martillo pilón del progreso y hagamos de la industria una consecuencia del esfuerzo humano, en concreto del mío al tumbarme boca arriba muchas veces al día.
Que quiero estar todo el día tumbado, vamos. Y no digo más porque voy a entrenarme para todo el tajo que me espera. Cama, cama, bendita cama, de donde Adán nunca debió salir. Cama, vamos, que me perdonen que me voy al jergón. Buenas noches y con dios o sin él. Mañana más. O lo mismo no. Quién sabe, Pérez, quién sabe.
Hablo con mi novia de los trabajos artesanales. Como soy carne de multinacional, cada día que pasa tengo mayor querencia por la cosa menestral, honrada, minuciosa, de sol a sol. En particular acabo de descubrir que en Zaragoza- sur-le-Ebre encuentra cuna y acomodo la fábrica de Pikolín, ya saben. Bueno, pues sucede que ahí ando a ver si la Rubia me busca un contacto que me convierta ipso facto en probador de colchones.
No se rían porque la cosa es muy seria. Al menos así se lo ha parecido a esta chica. Mi amor es que tiene un espantoso sentido judeo-cristiano de la existencia y todo lo que no sea pegarse doce horas diarias sudando sangre le parecen mariconadas. Debe ser cosa astrológica porque mi padre también es tremendo géminis y tiene más o menos el mismo pensamiento en lo de currelar.
Pero yo me he empeñado. ¿Habrá cosa más esforzada, necesaria y terapéutica que comprobar la bondad del lecho donde descansa España? Ya me veo, ya, colchón tras colchón, crujientes somieres, acoplamiento de vértebras, descansado jornal, tal vez hasta consientan echarme por encima un edredón que engañe en febrero al cierzo. Corretearé en pijama por la nave industrial, haré horas extras, no perderé ni un segundo en fútiles cafés, ni charlas con miembros del sindicato, le haré la pelota, la almohada, lo que sea, al coordinador de departamento (coordinador de probadores de colchón, ojo) y si se ponen pesados hasta soy capaz de quitarle horas a mi alcoba.
Porque si uno hace conveniente cata, cómo no la harían dos si me llevo a una dama que conmigo en cama ruede. Serían pareja por el precio de uno, no tema señor director, que barato le saldré, le saldremos quiero decir, mi amada y yo, ambos dando trote al colchón, al noble producto de Aragón, en pijama como Cela, con panoplia, escupidera y la chica en tanga y camisón. Mejor prueba no habrá que la del retozo, el empuje, arañe, jadeo, griterío, humedades, brincos, olé Pikolín y sus muelles que tan bien en horizontal se afinan.
A estas alturas ya adivina, señor Solans (jefazo de la cosa), que le indico con notable mano izquierda la necesidad laboral que me acucia y por dónde creo que va mi futuro en el seno de tan maña empresa. Instituya de nuevo el artesano oficio que alguna impersonal maquinaria habrá sustituido. Volvamos la espalda al maquinismo, a lo impersonal de la cinta de montaje, al martillo pilón del progreso y hagamos de la industria una consecuencia del esfuerzo humano, en concreto del mío al tumbarme boca arriba muchas veces al día.
Que quiero estar todo el día tumbado, vamos. Y no digo más porque voy a entrenarme para todo el tajo que me espera. Cama, cama, bendita cama, de donde Adán nunca debió salir. Cama, vamos, que me perdonen que me voy al jergón. Buenas noches y con dios o sin él. Mañana más. O lo mismo no. Quién sabe, Pérez, quién sabe.

2 Comments:
Impresionante, sigue asi y a ver cuando te veo
El anonimo soy yo, el que se fue contigo a Irlanda a buscar fortuna
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